Vista como la especialidad dedicada al estudio de patologías y problemas relacionados con la nariz, la rinología es una especialidad médica que comienza a experimentar un auge a medida que, por un lado,  se elevan los cánones estéticos y la globalización avanza en el proceso de establecer estereotipos de belleza y, por otro lado, se reconoce a nivel mundial el aumento de las enfermedades respiratorias que implican a este importante órgano.

Nos vamos dando cuenta entonces que la nariz más que imprimir carácter a un rostro y ser determinante en su nivel de belleza o fealdad, cumple con la vital misión de darle entrada a ese aire que necesitamos para vivir segundo a segundo, aire que debe ser sometido a una rigurosa limpieza y calentamiento antes de que por fin acceda a la delicadísima  tubería de vientos que conforman la tráquea, bronquios y pulmones.

El Dr. Francisco Rodríguez Rosales, médico dedicado a la cirugía plástica reconstructiva, explica que “recientemente la aerobiología, que estudia la distribución mundial de los efectos de los microorganismos viajeros suspendidos en el aire, ha puesto en evidencia la importancia de la relación estructural de la nariz con el clima, y la influencia de éste en el complejo sistema por el cual el tejido allí ubicado se ocupa de defender al organismo de múltiples agresores”.

Según Rodríguez Rosales “debido al avance tecnológico de los estudios ambientales es posible determinar los ciclos de distribución de microorganismos suspendidos en el aire, y existen evidencias científicas de que los seres humanos –de acuerdo a su ubicación geográfica y determinado por las corrientes de vientos hemisféricos- pueden verse afectados por agentes agresores, microorganismos y alergenos cuyo origen podría a estar ubicado a miles de kilómetros de su lugar de residencia habitual”.

En un mundo en el que se agrava a pasos agigantados el problema de la  contaminación del aire, “es vital que terminemos de entender la importancia de resguardar nuestra nariz de la influencia de agentes agresores que alteran su funcionalidad, a nivel celular, atrofiando su capacidad de movilizar las secreciones que se encargan de filtrar el aire que respiramos y resguardar así la integridad de nuestro sistema respiratorio”.

Al afectar la funcionalidad interna de la nariz, alteramos el flujo aéreo y la dinámica de su complejo túnel de viento, lo que guarda estrecha relación con la capacidad de liberarnos de microorganismos y agentes agresores causantes desde gripes y resfriados hasta enfermedades respiratorias crónicas y de gravedad”.

Rodríguez Rosales enfatizó que “uno de los factores más negativos y de mayor impacto sobre el tejido interno de la nariz es el tabaco, que deteriora  la capacidad de proteger las vías respiratorias internas y la velocidad de respuesta ante el ataque de microorganismos patógenos, sin contar  el terrible daño que se produce a nivel de la función olfativa”.

Es así que resulta contradictorio pretender ensanchar  el espectro de sensaciones placenteras, cuando al fumar cercenamos de manera tan drástica la sensibilidad de la nariz. “Y es que el sentido del olfato, intricadamente ligado al del gusto, determina nada más y nada menos que el mundo de los sabores”, puntualiza Rodríguez Rosales, quien agrega: “Lo sorprendente es que hay gente que prefiere seguir fumando para mantenerse delgado a costa de perder la alegría de disfrutar de las cosas más simples de la vida, esas que garantizan el disfrute diario, como son una rica  comida, una piel olorosa y un beso refrescante”.

Contacta al Dr. Francisco Rodríguez Rosales a través de su teléfono móvil: (0414) 306 44 66

Nota Cortesía de Comstat Rowland.

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