Someter a un niño al humo del cigarrillo de sus padres es una forma de maltrato infantil, aunque no esté tipificado como tal en las leyes: les causa tanto daño que sus efectos nocivos pueden volverse crónicos y hasta mortales.

Es tan grave el daño que sufre el niño expuesto al humo del cigarrillo que 80% de los menores de cinco años hospitalizados o atendidos en consulta por problemas respiratorios en el hospital infantil J.M. de los Ríos son fumadores pasivos. Además, tienen 30% más riesgo de ser atacados por una bacteria o virus pulmonar. Esto se debe a que, hasta los ocho años, el sistema respiratorio se encuentra en formación y el humo del tabaco es un agente agresor que le impide su correcto desarrollo y fortalecimiento.

La doctora María Eugenia Meléndez, jefa del servicio de Neumonología y directora del postgrado de esta especialidad en el J.M. de los Ríos explica que la prueba de medición de cotinina (metabolito de la nicotina) se realiza con una muestra de orina y es capaz de detectarla incluso 24 horas después de la exposición al cigarrillo. Es una medición objetiva y los resultados son siempre los mismos: 80% de los niños con problemas respiratorios viven con adultos fumadores. Además, existe otro indicador subjetivo que aprecian los neumonólogos: “Los niños que son fumadores pasivos no mejoran con el tratamiento, aunque lo cumplan”, asegura Meléndez.

Los males más frecuentes en los “niños fumadores”, como los califica la doctora, son asma, hiperreactividad bronquial y ataque de bacterias y virus pulmonares, como neumococo.

De los 500 menores de 12 años que acuden cada mes a consulta externa de neumonología del principal hospital infantil del país, 250 sufren de asma o hiperreactividad bronquial que puede derivar en asma potencialmente letal o en enfermedad bronco obstructiva pulmonar antes de la adultez, si siguen expuestos a gran cantidad de humo. Esto empeora cuando los chicos son inmunosuprimidos o sufren algún cáncer.

“Existen problemas colaterales. Por ejemplo, se han suspendido cirugías infantiles porque los niños eran fumadores pasivos y tenían muy desmejorada su capacidad pulmonar. En estas condiciones, no se les puede someter a anestesia pues resulta riesgoso”, dice Meléndez.

La debilidad pulmonar de los pequeños “fumadores” se debe a que la constante exposición al humo del tabaco anula una función llamada “transporte mucociliar”, que barre elementos tóxicos de los pulmones. Al bloquearla, los elementos nocivos van a su torrente sanguíneo.

Los niños no escogen fumar y tampoco pueden alejarse voluntariamente de quien lo hace. Quienes deciden que sean fumadores pasivos son los adultos que, se supone, están para cuidarlos.

Comparte esta información