Resulta un tanto irreal que a pesar de los avances tecnológicos, el surgimiento de mejores técnicas para diagnóstico y el desarrollo de nuevos medicamentos, el cáncer de cuello uterino – CCU- siga siendo la primera causa de mortalidad por cáncer en la mujer y la segunda razón de muerte en las mujeres a nivel nacional. La cada vez más temprana iniciación sexual, la falta de información, disfuncionalidades en el núcleo familiar, múltiples parejas sexuales y el contagio de algunas infecciones de transmisión sexual tales como el VPH, que ha demostrado tener amplia relación con el CCU,  son factores de importante incidencia en estos índices.

 La doctora María Mercedes Pérez, ginecóloga infanto-juvenil y obstetra, dice que la elevada mortalidad por cáncer de cuello uterino es una situación presente a nivel global, que pudiera ser diferente si cada mujer toma conciencia de su salud íntima y asiste a consulta ginecológica para realizarse anualmente la citología o papanicolaou. Dicho examen determina con bastante precisión, las tumoraciones causantes del CCU, alojadas principalmente en las paredes del útero pues si se diagnostican a tiempo el tratamiento puede ser más efectivo.

 Pero aún más significativo, según explica la doctora Pérez, es evitar el diagnóstico tardío y determinar por medio del papanicolaou anual, las lesiones premalignas que aparecen antes del cáncer, pues éstas sí pueden ser tratadas y curadas. Tan importante como practicarse la citología es revisar los resultados con un especialista, y no actuar bajo el supuesto de que “si algo sale mal seguro me van a llamar”. La paciente es la responsable (y no el laboratorio de pesquisas) de retirar los resultados de su citología y pedirle a un ginecólogo que los analice.

Asimismo recomendó a los padres con hijas entre los 11 y 15 años, aceptar los cambios en la iniciación sexual de los adolescentes en la actualidad y permitirles e incluso acompañarles a consulta ginecológica, pues la falta de orientación sumada a que los mecanismos de defensa no son tan óptimos como los de una joven de 18 años o más, suponen un riesgo importante de contagio en este grupo etáreo.
 María Mercedes Pérez recordó que la LOPNA establece en su artículo 141, que las adolescentes están en el pleno derecho de asistir a consulta ginecológica, aún sin la compañía de sus padres, a fin de buscar asesoría en cuanto anticoncepción, infecciones de transmisión sexual, consejería y control de su salud íntima. Por tal razón invita a los padres a que contribuyan con la salud sexual de sus hijas y afronten este momento como parte de la realidad actual. “Es preferible aceptar esta transición que afrontar la pérdida de una hija a edades tempranas por diagnósticos de CCU en etapas tardías, situación que se está viendo mucho actualmente”, acotó.

 Finalmente, Pérez indicó que los esfuerzos realizados hasta ahora en la sociedad médica para disminuir la incidencia de este tipo de cáncer y las cifras de mortalidad causadas por el mismo, continuarán haciéndose y año a año esperan llevar más información acerca del CCU y las lesiones previas prevenibles y curables que anteceden al cáncer. “El conocimiento es la mejor arma para lograr que cada vez menos jóvenes y mujeres del mundo mueran por causa de una enfermedad que puede prevenirse si es diagnosticada a tiempo”.

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