El asma es un trastorno inflamatorio crónico de las vías respiratorias, que se caracteriza por la obstrucción variable del flujo, debido a la contracción irregular de los bronquios. Dependiendo de la gravedad de la crisis, los síntomas pueden mejorar espontáneamente o por la acción de la terapia farmacológica; sin embargo, hay casos donde los síntomas persisten después de la medicación y la función pulmonar es anormal. Dicha condición clínica se denomina asma de difícil control -ADC-.

 Este trastorno se identifica gracias a  la presentación consecutiva de exacerbaciones  o crisis asmáticas, cuyos síntomas son dificultad respiratoria, opresión torácica y sibilancias. Sobre este punto, el alergólogo e inmunólogo argentino Hugo Neffen, quien estuvo invitado al más reciente Congreso de Neumonología celebrado en nuestro país, dijo que una persona con ADC requiere la asistencia a consultas médicas no programadas, visitas a salas de urgencias u hospitalizaciones, que conllevan un impacto negativo en la calidad de vida, además de un alto costo económico.

 “Aproximadamente el 60 por ciento de los costos directos por ADC  dependen  del manejo de las exacerbaciones; además, también se incrementan los costes indirectos,  porque  ocasiona un importante índice de ausentismo laboral y escolar”, explicó el galeno argentino, quien es también jefe de la Unidad de Medicina Respiratoria del Hospital de Niños en Santa Fe, Argentina.

  Adicionalmente, limita al paciente en diversas actividades dentro de su vida cotidiana y a los familiares les crea una angustia permanente. Según el doctor, la reciente actualización del Consenso Latinoamericano para Asma de Difícil Control,  publicado en Drugs of Today en 2008,  analiza cuidadosamente los criterios generales para que un paciente reciba una tratamiento acertado para el ADC. 
 “Los pacientes con asma de difícil control reciben  corticoides orales combinados con broncodilatadores de larga duración y corticoides inhalados, durante aproximadamente seis meses al año. Un posible efecto secundario de esta terapia es la franca disminución de la función  pulmonar, además de hospitalizaciones frecuentes” explicó el doctor. 

 Asimismo, el alergólogo explicó que es importante diagnosticar y tratar las comorbilidades de las personas con ADC, tales como el reflujo gastroesofágico o los trastornos inflamatorios que afectan  las mucosas de la nariz y los senos paranasales, como la poliposis nasal o la rinosinusitis.
  “También se debe evaluar la coexistencia de factores psicosociales porque habitualmente, el correcto tratamiento de los trastornos secundarios permite un mejor control del asma de difícil control”, dijo el galeno, quien agregó que la exposición tabáquica pasiva y activa debe evitarse por completo en esta clase de  pacientes.

 En lo que respecta a las alternativas farmacológicas, el inmunólogo argentino indicó que el fármaco omalizumab posee eficacia clínica demostrada con un alto nivel de evidencia; “esta medicación disminuye sustancialmente las exacerbaciones, los tratamientos de emergencias y las hospitalizaciones recurrentes en pacientes con asma de difícil control. También reduce el uso de corticoides inhalados”, aseguró.

 “El omalizumab tiene un mejor perfil de seguridad que los corticoides orales, que pueden producir  marcados efectos adversos si son utilizados por períodos prolongados. El uso de este fármaco,  reduce sustancialmente los gastos directos del asma debido a  la disminución de las exacerbaciones, además de disminuir el ausentismo laboral, y mejorar de forma integral la calidad de vida de los pacientes”, concluyó el doctor Neffen.

Nota y Foto: Cortesía de Comstat Rowland.

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