El trauma es considerado la enfermedad del milenio, por su impacto sobre la salud pública, dada su frecuencia y magnitud. Sufrir un evento traumático, generalmente violento, trae como consecuencias lesiones generalizadas en todo el cuerpo, condicionando la calidad de vida de la persona afectada y haciendo necesario controlar síntomas agudos, como el dolor y la inflamación.

La OMS define el politraumatismo como una lesión corporal a nivel orgánico, intencional o no intencional, por lo tanto, se identifica al paciente traumático como alguien que ha sufrido heridas serias (golpes) en múltiples órganos (hígado, bazo, pulmón, etc.) y sistemas corporales (circulatorio, nervioso, respiratorio, etc.). De hecho, una persona con traumatismo severo o politraumatismo padece una lesión traumática que puede poner en riesgo su vida.

Según el doctor Pablo Ottolino, especialista en cirugía general, laparoscópica y cirugía de trauma, esta condición se ubica como la tercera causa de muerte a escala mundial, en personas con edades comprendidas entre 5 y 45 años.
El también coordinador de la Unidad de Politraumatizados del Hospital Domingo Luciani, comentó que el grupo más vulnerable a las lesiones generalizadas está comprendido por personas en edad productiva, siendo responsable de un grado creciente de ausentismo laboral.

Los síntomas en este tipo de pacientes varían, dependiendo de las características específicas de cada órgano o sistema afectado y el nivel de gravedad de las lesiones. Los afectados por politraumatismos, fácilmente pueden sufrir un shock y la disminución de oxígeno en sangre (hipoxemia); las hemorragias que se suman a la lesión primaria, reducen aún más la función de los órganos vitales.
Además existe el peligro de insuficiencia de diversos aparatos e infección generalizada, siendo la insuficiencia respiratoria y la parada cardiorespiratoria dos probables complicaciones. Las consecuencias del politraumatismo pueden incluir niveles severos de incapacidad hasta problemas osteomusculares crónicos, por ello, recaudar datos apenas ocurra el accidente permitirá una atención médica adecuada al paciente.

La pautas internacionales indican que el dolor postraumático debe tratarse utilizando la escalera analgésica establecida por la Organización Mundial de la Salud, comenzando con opioides fuertes, luego débiles y finalmente antiinflamatorios no esteroideos. “A diferencia del dolor crónico en el que vamos aumentando la potencia del analgésico, en el trauma se inicia la terapia analgésica con la opción más potente y se disminuye paulatinamente”, señaló.

El especialista en cirugía general y de trauma hizo referencia al valor de los antiinflamatorios no esteroideos, como el diclofenac potásico, en el alivio del dolor y la inflamación en pacientes que han sufrido algún traumatismo o se encuentran en etapa postquirúrgica.
“Los pacientes que ingresan a los centros asistenciales con traumatismos menores y son egresados luego del periodo de observación correspondiente, tienen entre sus  indicaciones terapia analgésica, ya que el manejo del dolor se considera una prioridad en el tratamiento y un derecho para las personas afectadas por politraumatismos”, concluyó el galeno.


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